Dos episodios de esta semana, de naturaleza muy distinta, muestran que la relación entre Asia y el mundo hispanohablante se redefine constantemente. En Nueva York, Perú ratificó ante la ASEAN su estatus de socio de desarrollo y buscó financiamiento para minerales críticos junto a Argentina, Brasil y Chile; en Madrid, los datos oficiales de Datainvex revelaron que Japón y Corea del Sur —no China— son quienes están llenando el vacío de inversión dejado por la salida de capital estadounidense y británico en España.
El caso español es particularmente instructivo: el propio Gobierno español había comenzado a explorar una vía rápida de autorización para atraer capital chino, ante la fuerte caída de la inversión angloamericana. Pero los datos muestran que, mientras Madrid diseñaba ese mecanismo, la inversión surcoreana ya se multiplicaba por 20 y la japonesa por 11, sin necesidad de ningún trato preferencial adicional. Es una lección sobre la velocidad con que el capital asiático se mueve cuando percibe una oportunidad, muchas veces por delante de la respuesta regulatoria de los gobiernos receptores.
Para Perú y el resto de la Alianza del Pacífico, el desafío es distinto pero relacionado: construir el tipo de relación institucional con Asia —a través de mecanismos como el estatus de socio de desarrollo con la ASEAN— que permita atraer ese mismo tipo de capital de forma más deliberada, en sectores como minerales críticos donde la demanda asiática de baterías y semiconductores sigue siendo estructural.
El mensaje para el resto de América Latina y España es que ningún origen de inversión asiática está garantizado de forma permanente, y que la competencia entre Japón, Corea del Sur, China y Singapur por espacio de inversión en mercados hispanohablantes se intensifica, premiando a quienes construyen relaciones institucionales sostenidas —como Perú con la ASEAN— por sobre quienes solo reaccionan ante la coyuntura, como ilustra el caso español.
Esta es una opinión de Asia Hoy.

