El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Filipinas, anunciado esta semana, no es un hecho aislado: se suma a una serie de gestos con los que economías de distintos continentes buscan reducir su dependencia de un solo socio comercial dominante. Bruselas ya negocia en paralelo con Tailandia, Indonesia y Malasia, mientras Chile reporta que el 12,1% de crecimiento de sus exportaciones no mineras entre enero y agosto se explica en gran medida por un salto de 147% en sus ventas a India, un mercado que hace apenas un lustro era marginal para la canasta exportadora chilena.
El patrón es consistente: economías medianas y pequeñas, desde Filipinas hasta Chile, están usando acuerdos comerciales y la diversificación de destinos como herramienta de gestión de riesgo geopolítico, en un contexto donde la relación entre Washington y Pekín —con una tregua arancelaria que vence el 10 de noviembre y una cumbre entre Trump y Xi Jinping esta misma semana— sigue marcada por la incertidumbre.
Para Taiwán y sus socios del norte de Asia, este reacomodo no es neutro: cuanto más diversifican sus lazos comerciales economías como Filipinas, Chile o los propios miembros de la ASEAN, menos expuestas quedan a decisiones unilaterales de cualquiera de las dos grandes potencias, lo que en el mediano plazo podría traducirse en cadenas de suministro más resilientes también para los exportadores taiwaneses de tecnología.

