Los datos de septiembre confirman una tendencia que ya no admite matices: los semiconductores se han convertido en el principal motor del comercio exterior de Norte de Asia. Corea del Sur reportó un salto de 259% interanual en sus exportaciones de chips en la primera quincena del mes, Taiwán encadenó 34 meses consecutivos de crecimiento exportador apoyado en la demanda de servidores de inteligencia artificial, y TSMC registró su mayor ingreso mensual histórico con un alza de 53,3%.
Este patrón no es casual: refleja una carrera de inversión en capacidad —TSMC elevó su gasto de capital proyectado a hasta 64.000 millones de dólares para 2026— que empresas como Samsung también replican con nuevas plantas orientadas a infraestructura de IA. India, por su parte, amplió su Misión de Semiconductores a 13.500 millones de dólares, en un intento por sumarse a esta cadena de valor antes dominada casi exclusivamente por Taiwán y Corea del Sur.
Para las economías de América Latina y España, este auge tiene una doble lectura: por un lado, alimenta la demanda de minerales críticos como el litio y el cobre; por otro, expone la dependencia regional de decisiones de inversión que se toman a miles de kilómetros de distancia, en Taipéi, Seúl o Hsinchu.

